viernes, 28 de septiembre de 2012

Capítulo 1

Juan Ildefonso estaba ausente.
Como siempre que pensaba sin más en los temas de su empresa, sujetaba entre los dedos una pulsera con cuentas de madera de diversos colores. Demasiado infantil como para encontrarse en un sobrio despacho de un importante hombre de negocios, resultaba, cuanto mínimo, chocante. Pero a Ildefonso le daba exactamente igual: era su amuleto de la buena suerte, su musa inspiratoria.

Se encontró de pronto pensando en aquella pulsera. Era suya, pero ni siquiera le había pertenecido. Giró la cabeza para dirigir su mirada en busca del simple marco de madera barnizado que portaba la foto de dos niños de apenas ocho años. La niña presentaba mal aspecto con su bata de hospital y algún que otro vendaje; pero, aun así, su sonria era amplísima. El niño, por su parte, también sonreía.

Juan Ildefonso se preguntó cuándo había perdido aquella sonrisa. No es que no fuera feliz ahora, al contrario, pero ya no era lo mismo. Y la niña. ¿Qué había sido de la niña? No recordaba su nombre; sin embargo no había olvidado nada del día del accidente.

El vehículo circulaba por los carriles exteriores de la ciudad. Azul navy, cuatro puertas, típico coche de ciudadano medio. Era de noche, apenas había tráfico. El semáforo se puso en verde justo cuando el negro y ostentoso coche, a nombre de la archifamosa empresa Divine, daba alcance al navy blue. Juanito se giró hacia la ventana para mirar quiénes eran sus compañeros de vía, descubriendo unos ojos curiosos que lo miraban desde el otro coche, situados en la misma posición en que se encontraban los suyos propios.

No llegó a ver al rojo con alerones que se aproximaba perpendicularmente por la izquierda, saltándose completamente el semáforo que le prohibía el paso. Simplemente, lo sintió.

CHIIIIIIII.

El chirriar de las ruedas de su coche, promovido por su padre, que hizo alejarse al vehículo negro del navy, que iba a estrellarse contra el siguiente semáforo en una vuelta de campana.

PUM.

El golpe fue mortal.

Lo siguiente que recordaba eran sirenas; ambulancias, policías y bomberos que venían a socorrer a los vehículos.

Juanito resultó ileso, pero no así como los ojos curiosos del cristal.

Una semana más tarde se la encontraría de nuevo en el hospital, yendo a visitar a su abuelo enfermo. Era ella, sus ojos curiosos del cristal. Un brazo roto y una brecha en la cabeza, pero viva. Huérfana, pero sonriente. Su abuela daba gracias porque aún le quedaba su pequeña nieta. Una tarde de juegos en la sala del hospital, una fotografía y una pulsera de cuentas de madera de colores.

Y un recuerdo que, aun dieciocho años más tarde, Ildefonso no sabía cuánto marcaría su destino.


El teléfono sonó, sacándolo de sus pensamientos.

- Sí, claro, Débora: la reunión. Hágale pasar, ahora mismo acudiré.

Tiró la pulsera junto al marco y salió de la habitación. Sus negocios le esperaban.

La verdad de Calliway

La verdad de Calliway




El problema no es quererte: es que tú no sientas lo mismo.


Calliway, nueva y próspera.
Calliway, ciudad de negocios.
Calliway: tu sueño empieza aquí.

Reza la nueva campaña publicitaria de la ciudad. ¿Cuál es tu sueño? Para Jimena, Luciana y Rebecca, tres jóvenes emprendedoras, sus metas parecían estar claras. El trabajo parecía algo importante, hasta que sus vidas se cruzaron y se vieron entrelazadas en un cúmulo de afortunadas casualidades y catastróficas desdichas. ¿Sus puntos débiles? Como el de toda mujer, el amor.

Y ellas, precisamente, no contaban con los hombres y el papel determinante que estos jugarían en sus vidas...